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4 de marzo de 2014

Listado de medicamentos seguros e inseguros


Medicamentos inseguros

Medicamentos inseguros

  • Ácido valpróico
  • Amiodarona 
  • Anticonceptivos orales 
  • Barbitúricos
  • Bromocriptina
  • Carbamazepina 
  • Clorpropamida 
  • Cloroquina 
  • Cocaína
  • Ergotamina y sus preparaciones 
  • Etanol
  • Fenitoína
  • Griseofulvina
  • Imipramina
  • Metotrexate
  • Metyl dopa
  • Minoxidil
  • Primidona 
  • Progesterona y sus derivados 
  • Rifampicina 
  • Sulfonamidas
  • Tamoxifén 
  • Teofilina 
  • Tolbutamida
  • Trimetoprim


Medicamentos seguros



  • Aminoglucósidos
  • Amitriptilina
  • Atropina
  • Clorpromazina
  • Colchicina
  • Digoxina
  • Difenhidramina
  • Epinefrina
  • Fentanyl
  • Gabapentina
  • Glucocorticoides
  • Ibuprofeno
  • Indometacina
  • Labetalol
  • Magnesio
  • Metilfenidato
  • Naproxeno
  • Neostigmina
  • Oxepam
  • Óxido nitroso
  • Paracetamol
  • Propoxifeno
  • Tetraciclinas
  • Tiouracilo
  • Vitaminas


Tratamiento gratuito en Venezuela

Pacientes que presenten casos de enfermedades raras en el país serán tratados de manera gratuita. Se estima que más de medio millón de habitantes en Venezuela podrían padecer alguna

Una persona de cada 100.000 habitantes en el mundo padece de algunas de las 7.000 enfermedades raras identificadas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta el momento, se calcula que 350.000 millones de personas en todo el mundo sufre alguna.

Estas patologías perjudican entre 6% y 8% de la población a escala global. La estimación en el número de estas enfermedades, varía de acuerdo con las categorizaciones que avala cada nación, por ejemplo, en los países de la Unión Europea, toda enfermedad que afecta a menos de cinco personas por cada 10.000 se considera rara; mientras que en Estados Unidos, una patología tiene esta rotulación si la presentan menos de 200.000 personas en el referido territorio.

En Venezuela se estima que más de medio millón de personas podrían estar afectadas, aunque muchas no estén diagnosticadas, por algunas de estas patologías conocidas como raras en el mundo o huérfanas, por la carencia de tratamientos médicos para estos pacientes.

La condición de cronicidad de las enfermedades raras hace que en el 85% de los casos se requiera tratamientos de por vida y esto provoca un alto impacto en la economía familiar.

Al respecto, uno de los más importantes logros alcanzados para estas personas es el apoyo recibido por el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) que, a través de las Farmacias de Medicamentos para Tratamientos de Alto Costo, facilita el acceso a los medicamentos y terapias para estas patologías, entre otras de alto valor económico, a través de once centros distribuidos en todo el país, siendo el único organismo de este tipo en toda Latinoamérica que ofrece, sin costo alguno, estos tratamientos.

En el país, la Asociación Venezolana de Pacientes con Enfermedades Lisosomales (Avepel), impulsa acciones para orientar y brindar apoyo a las personas afectadas por estas enfermedades y a sus familiares.

Actualmente, entre sus prioridades están el seguimiento de las historias clínicas de los pacientes y garantizar la continuidad del tratamiento para los pacientes afectados. La asociación apoya en el país a casi 100 pacientes que actualmente reciben tratamiento.

A continuación la localización de las Farmacias de Alto Costo y Consumo Masivo del IVSS


Area MetropolitanaApureAragua
BarinasBolívarCojedes
CaraboboAnzoateguiFalcón
GuáricoLaraMérida
MirandaMonagasNueva Esparta
PortuguesaTáchiraTrujillo
VargasYaracuyZulia
 Seleccione en la siguiente lista para obtener información sobre las farmacias IVSS ubicadas en su región

Un virus directo contra la porfiria

Un ensayo pionero usa vectores modificados como terapia

El método podría usarse en otros procesos que afecten al hígado


Jesús Prieto y Mari Ángeles Guillamón observan a Antonio Fontanellas en un laboratorio del CIMA de Navarra. / LUIS AZANZA

“En este momento, el virus debe estar colonizando su hígado”. Como presentación es inquietante, pero no hay que preocuparse: es la orgullosa manera con la que Jesús Prieto, director del Área de Terapia Génica y Hepatología del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) se refiere al ensayo de una pionera terapia génica para combatir la porfiria, una enfermedad metabólica. El hígado al que se refiere Prieto es el de Mari Ángeles Guillamón, 66 años, quien sonríe deseando que sea verdad lo que se espera de la investigación: dejar los dolores, el cansancio y hacer una vida lo más normal posible. Se trata de uno de los escasos ensayos de terapia génica que están en marcha en el mundo (mucho menos en España), y el único contra esta enfermedad. Prieto y Guillamón se conocieron en 1991. “Llegó aquí tetrapléjica”, dice el médico. La mujer, superada esa crisis, volvió a Madrid. En 2003 regresó a Pamplona. “Vino en una UCI móvil”, recuerda Prieto.

Entre los dos grandes ataques de Guillamón algo había cambiado: el Proyecto Genoma, y un ensayo —no del todo exitoso— del propio CIMA de terapia génica para la leucemia. “Al ver cómo llegaba, Prieto me dijo: ‘Esto vamos a solucionarlo”, cuenta Guillamón.

La porfiria es una enfermedad rara. Aproximadamente “una de cada 10.000 personas tiene el gen, pero no todas desarrollan la enfermedad”, explica Antonio Fontanellas, investigador de la unidad de Hepatología y Terapia Génica del CIMA experto en porfirias. “De ellas, solo el 20% tiene crisis, y un 2% la cronifica”. Estas personas son las que peor lo pasan. “Es muy degenerativa, y la causa es que falta una enzima [las máquinas celulares] en el proceso de síntesis del grupo hemo [el que forma la hemoglobina]. Entonces, el hígado fabrica metabolitos que son tóxicos” dice Fontanellas. Los metabolitos (de siglas ALA y PBG) son materiales intermedios en la fabricación del grupo hemo. En las personas sanas, el proceso sigue y se gastan. En las afectadas, no, y estos productos salen del hígado causando la enfermedad.

Una serie de factores han permitido que en tan solo ocho años se haya pasado de tener una enferma sin apenas esperanza al ensayo de una cura. Primero, el encuentro entre Guillamón y Prieto.

El segundo factor fue la creación del CIMA, abierto en 2004 como una tercera pata del complejo Clínica y Universidad de Navarra y que, hasta el año pasado, se ha financiado mediante aportaciones de un grupo de empresas. Precisamente las aportaciones eran para 10 años, y ahora el CIMA busca nuevos mecenas.

El tercer factor es científico. La porfiria está causada por un solo gen. Además, el proceso de la formación del grupo hemo se da en el hígado, por lo que la terapia tiene que dirigirse ahí.

El cuarto es el factor humano. El fichaje de Fontanellas, que estaba en Madrid, no fue el único. También se incorporaron Gloria González-Aseguinolaza, especialista en vectores virales adeno-asociados (VAA por sus siglas) y coordinadora del proyecto AIPGENE (FP7-Health-2010-261506) que la UE ha financiado con 3,2 millones, y Rubén Hernández-Alcoceba, especialista en adenovirus de alta capacidad. Estos fueron los responsables de diseñar un vector (se llama así al virus) que debía llevar hasta los hepatocitos el gen de la enzima necesaria, y, sobre todo, de que el proceso fuera seguro. Porque, como recuerdan Fontanellas y Prieto, hace una década la terapia génica estaba en entredicho. Abrazada con fervor para tratar casos como el de los niños burbuja, la ilusión se truncó cuando varios murieron o desarrollaron leucemias. La causa, explica Fontanellas, fue que se usaron vectores que no se podían dirigir: los genes que se quieren introducir no van solos. Hay que acompañarlos de promotores para que la maquinaria celular se active. El problema fue que esos promotores, en algunos pacientes, cayeron cerca de un oncogén, lo que desató la creación de tumores.

En este caso, ese peligro se solventó de una manera muy elegante. Los VAA, explica Fontanellas, infectan, sobre todo, al hígado —que es donde se produce el proceso que se quiere solucionar—. Pero, además, “son poco integrativos”. Este tecnicismo es la clave. Quiere decir que el fragmento de ADN que portan se incorpora a la célula para que se sintetice la enzima correspondiente, pero no se integra de forma activa en el resto del material genético. Se mantiene aislado, por lo que el peligro de que interaccione o active los oncogenes desaparece. Y este sistema es lo que permite que Prieto comente, con optimismo, la posibilidad de usar el mismo abordaje para otros procesos, como el déficit de algunas hormonas en personas con cirrosis. Por tanto, en el ensayo se está jugando algo más amplio que la cura de la propia porfiria: se busca un método que pueda ampliarse a otros procesos hepáticos.

Suena sencillo, pero Fontanellas indica que prácticamente cuatro de los ocho años que han dedicado a la parte preparatoria del ensayo se ha empleado en diseñar el VAA ideal. El empeño de utilizar un VAA tenía un motivo práctico: existe un laboratorio holandés, Uniqure, especializado en manipularlos en las mejores condiciones (lo que se denomina GMP, good manufacturing practice en inglés). Tampoco se usó el gen tal cual. Aunque la teoría indica que cada gen contiene las instrucciones de una proteína, esto no es algo tan rígido. Hay variantes que dan el mismo resultado. En el ensayo se buscó la codificación del gen más atractiva para los ARN-mensajeros, que son los intermediarios necesarios para que las instrucciones del gen se materialicen en la enzima correspondiente. Así se favorece su rápida producción.

La investigación completa se ha desarrollado en el CIMA. Para la fase en animales contaron con una cepa de ratones que les cedió un investigador suizo “que se iba a jubilar”, cuenta Fontanellas. “Solo nos pidió que mantuviéramos el linaje”, dice.

En el ensayo se vio que bastaba con que el 10% de las células del hígado fueran infectadas para que los ratones dejaran de manifestar la enfermedad. Eso era otra ventaja. Pero hacerlo con roedores no era suficiente, dice el investigador. “Su sistema inmunitario es muy diferente del de los humanos”. Por eso, hubo que probar también en macacos.

Guillamón es, ahora, una de los ocho pacientes que van a ensayar el tratamiento. Expresidenta y actualmente secretaria de la Asociación Española de Porfiria, rebosa optimismo. Aunque se ha inyectado glucosa para acudir a la cita, dice que, a los dos meses del tratamiento (una única inyección intravenosa) ya se encuentra mucho mejor. “Antes dormía de nueve de la noche a cinco de la tarde. Tenía que vivir en tres horas”. Los médicos no quieren ser tan optimistas. El ensayo está todavía en su primera fase. De momento, cuatro personas han recibido su dosis. Quedan meses para poder sacar conclusiones. Pero, hasta ahora, todo va bien. “El hígado se divide muy lentamente, así que el efecto debe durar años”, dice Fontanellas. Por si acaso, ya está preparando nuevos vectores, nuevos procesos. Guillamón es más lanzada. “Antes pasaba el resto del día cansada. Ahora estoy buscando una academia. No quiero estar más inactiva”.

 Madrid 

La histopatología no es necesaria para el diagnóstico de porfiria cutánea tarda

Cualquier médico podría encontrarse con algún caso de porfiria cutánea tarda. Sin embargo, existen dificultades para reconocer a los pacientes y establecer un diagnóstico diferencial adecuado, según ha explicado Jorge Frank, del Hospital Universitario de Maastricht, en Holanda, en un encuentro internacional de especialistas en porfiria, celebrado en Madrid.

DIARIO MÉDICO – Esther Román Cantón 29/04/2008

¿Tiene sentido tomar biopsias para análisis histológico en los casos de porfiria cutánea tarda (PCT)? ¿Qué asociaciones existen con otros trastornos de la piel o con otras patologías? Estas han sido algunas de las cuestiones abordadas por Jorge Frank, del Hospital Universitario de Maastricht, en Holanda, durante un encuentro internacional de especialistas en porfirias patrocinado por la Fundación Médica Mutua Madrileña, que se ha celebrado en Madrid.

El uroporfirinógeno descarboxilasa (UROD) es la enzima cuya depleción produce la porfiria cutánea tarda, el tipo más frecuente de porfiria en el mundo. Todos los médicos tienen posibilidades de ver a alguno de estos pacientes. Sin embargo, se encontrarán con algunos problemas para reconocerlos y establecer un diagnóstico diferencial adecuado. “La clínica de la porfiria cutánea tarda se muestra sobre todo en las zonas expuestas a la luz del sol, con ampollas, erosiones y, según avanza la enfermedad, lesiones más crónicas, cambios de coloración, hiperpigmentación y cicatrices”, ha señalado Frank.

Una de las mayores dificultades es que los síntomas cutáneos de la porfiria varegata y de la coproporfiria hereditaria son clínicamente indistinguibles de la cutánea tarda.

Necesidad de biopsiar

Por otro lado, ¿es realmente necesaria una biopsia para el diagnóstico de la porfiria cutánea tarda? Según Frank, “mediante el microscopio observaríamos la formación de ampollas subepidérmicas, un infiltrado escaso con linfocitos, células plasmáticas e histocitos, características de anatomía patológica que también se pueden encontrar en otros trastornos cutáneos”.

Por ello, cree que con la histopatología no se puede establecer el diagnóstico diferencial de la PCT. “No nos permite diferenciar entre porfiria cutánea tarda y muchas otras enfermedades cutáneas que también presentan ampollas subepidérmicas. En mi opinión, no es necesario; de hecho creo que está hasta contraindicado, porque siempre hay problemas de cicatrización”.

La asociación de la porfiria cutánea tarda con otras patologías de la piel es un hecho. El vitíligo, por ejemplo, se asocia con frecuencia a la PCT, pero también se han descrito medio centenar de casos de pacientes con lupus eritematoso sistémico. “Hasta la fecha no tenemos un mecanismo fiable ni convincente para explicar la presentación simultánea de los dos trastornos en estos pacientes”.

Lo que no es una coincidencia es la asociación de la porfiria cutánea tarda con otros trastornos sistémicos como la hemocromatosis pues, antes o después, se produce una sobrecarga de hierro en el hígado; la hemosiderosis, la asociación con el virus C de la hepatitis y algunos casos aislados de infección por VIH e insuficiencia renal, particularmente en accidentes que no se han tratado durante muchos años. Sin embargo, la asociación más clara e importante es el alto riesgo de que los pacientes con PCT acaben desarrollando carcinoma hepatocelular.

Tratamiento

La situación terapéutica es afortunada. En la PCT, a diferencia de otros tipos de porfiria, tenemos buenas opciones: la fotoprotección, evitar factores de riesgo conocidos como el alcohol, los estrógenos o el estrés. Además, se puede hacer flebotomía para tratar el problema del hierro y también administrar cloroquina en dosis bajas es un tratamiento bastante efectivo.

Tratamiento de ataques agudos

Importancia del reconocimiento precoz y el diagnóstico exacto

El reconocimiento precoz de un ataque agudo siempre permite empezar antes el tratamiento. Las personas que han sufrido anteriormente un ataque reconocerán con facilidad los síntomas precoces, anunciadores de un ataque agudo (enlace a la sección “¿Cómo es un ataque agudo?”). Cuando reconozca estos síntomas, debe dejar todos los agentes desencadenantes, como cualquier tipo de medicación. Si toma inmediatamente sustancias dulces, como refrescos o comprimidos de glucosa, le ayudará a reducir la gravedad de los síntomas. No obstante, es posible que no se sienta en condiciones de hacerlo.

El reconocimiento precoz es más difícil en aquellas personas que han heredado porfiria aguda pero que nunca han experimentado un ataque agudo. Como consecuencia, a menudo se atribuyen muchos dolores a la porfiria aguda que finalmente acaban relacionándose con otras causas. Cabe destacar que las personas con porfiria normalmente experimentan molestias abdominales, igual que otras personas que no sufren el trastorno; por lo tanto, un médico deberá considerar otros trastornos patológicos que puedan causar dolor abdominal. Estos trastornos incluyen una serie de alteraciones intestinales, infección urinaria y, a veces, otros cuadros clínicos urgentes, como apendicitis. En esta situación, se puede establecer o desestimar el diagnóstico de porfiria aguda realizando una prueba de orina para detectar porfobilinógeno (PBG).

 Tratamiento de un ataque agudo:

En el momento en el que sospeche un ataque agudo, póngase en contacto con su médico para un ingreso urgente en el hospital si el ataque agudo es grave. Esto permitirá:


  • El diagnóstico bioquímico del ataque agudo determinando el contenido de PBG en orina.
  • El inicio inmediato del tratamiento específico del ataque agudo: por ejemplo, con hemina intravenosa.
  • La administración de otros fármacos para tratar los distintos síntomas que acompañan al ataque. Es posible que estos tratamientos incluyan el uso de medicamentos para aliviar el dolor y las náuseas y para provocar sedación. También es importante mantener un consumo adecuado de calorías; puede ser necesaria la alimentación intravenosa o a través de una sonda nasogástrica.

La hemina humana ayuda a superar la deficiencia relativa de hemo en el hígado y elimina la reacción del organismo de incrementar la producción de los compuestos químicos (porfirinas y precursores) necesarios para la producción de hemo. La hemina humana es el tratamiento de primera elección. Si no puede obtenerse de inmediato, mientras tanto pueden administrarse grandes cantidades de glucosa, dado que tiene un efecto parecido pero inferior.

13 de octubre de 2013

Tratamiento de las porfirias

Porfirias agudas 
Como se ha indicado, el ataque agudo es una urgencia médica y requiere tratamiento hospitalario. La evolución espontánea de la crisis o ataque es generalmente bueno si se previene con un tratamiento precoz adecuado o se trata en cuanto aparecen los primeros síntomas. El tratamiento es delicado y se basa en la siguiente tríada: 

  • Infusión venosa de altas dosis de glucosa. Los carbohidratos reprimen la actividad de la ALA-sintetasa, aunque sus efectos son lentos y no todos los pacientes responden favorablemente. 
  • Infusión de grupo hemo en vía central. La moderna preparación de hemo exógeno (arginato) es sin duda más eficaz que la glucosa. Permite la corrección del déficit de hemo y regula la actividad de la ALA-sintetasa. Ha de prescribirse precozmente (3-4 mg/kg/día durante cuatro días consecutivos). 
  • Administración de beta-bloqueantes (propanolol) capaces de frenar la hiperactividad simpática. 






La variada sintomatología que acompaña a la crisis o ataque (dolor, ansiedad, agitación, vómitos...) se puede y se debe tratar, administrando siempre medicamentos seguros. Es importante la vigilancia y corrección de los trastornos electrolíticos. La hiponatremia debe tener atención especial. Como profilaxis de las crisis frecuentes que sufren muchos pacientes en clara relación con el ciclo menstrual, se ha probado la inducción de una menopausia yatrogénica y el uso de contraceptivos orales con bajas dosis de estrógenos y progestágenos (en teoría contraindicados, por ser porfirinogénicos) aunque esto resulta siempre arriesgado y debe ser estudiado el caso individual y ser prescrito por el médico experto en porfiria (o con su asesoramiento). 

Porfirias no agudas 
La inexistencia de crisis porfírica de tipo agudo hace que en estas porfirias no haya que tener especial precaución con los fármacos desencadenantes, a excepción de la PCT o porfiria hepatocutanea tarda. 

  • En la PCT (porfiria hepatocutanea tarda) se debe atender y tratar una posible hepatopatía. No es de extrañar la persistencia de transaminasas elevadas. Con frecuencia los pacientes presentan infección por virus de la hepatitis C que responde mal al tratamiento con interferón. El tratamiento habitual y básico consiste en flebotomías repetidas o la administración prolongada de dosis mínimas de cloroquina, que es un antipalúdico. Las sangrías son necesarias para disminuir la sobrecarga férrica. La pauta es primero semanal y, posteriormente, quincenal y mensual. Si no hay complicaciones, es frecuente la remisión al año, aproximadamente. El cuadro de fotodermatosis en áreas expuestas a la luz solar debe prevenirse o tratarse. La ingesta de alcohol está absolutamente contraindicada. En la mujer, la PCT suele ser precipitada por el empleo de la píldora anticonceptiva por lo que el tratamiento hormonal sustitutorio tan usado en la menopausia ha de valorarse con sumo cuidado. La diabetes mellitus asociada a algunos casos, merece atención especial. Ante tal asociación debe estudiarse el metabolismo del hierro. El tratamiento de la PCT en pacientes con insuficiencia renal crónica y sometidos a diálisis, es complicado. El uso de eritropoyetina (rEPO) es muy prometedor. La administración de vitamina E (alfa-tocoferol) en el tratamiento de la PCT es de dudosa eficacia. 
  • En la PEC (porfiria eritropoyética congénita) el tratamiento profiláctico consiste en la estricta protección de los enfermos a la luz solar y medidas semejantes a las expuestas en el caso de las porfirias cutáneas. Se ha aconsejado la administración de beta-carotenos, que en ningún caso es perjudicial. El tratamiento de la PEC es difícil y de resultados poco alentadores. Se han ensayado, con diverso resultado, las transfusiones, la administración oral y prolongada de carbón activado (que absorbe las porfirinas intestinales impidiendo la presunta circulación enterohepática y facilitando la eliminación). El trasplante de médula ósea ha sido realizado con éxito en casos aislados. La terapia génica se considera hoy una esperanza real y no muy lejana. 
  • En la PPE (protoporfiria eritropoyética) se deben tratar los cuadros de fotosensibilidad cutánea. Con frecuencia se recomienda el uso terapéutico de beta-carotenos para reducir la fotosensibilidad. La profilaxis de la hepatopatía se basa en evitar el acúmulo hepático de protoporfirina, para lo que se ha propuesto el uso de ácidos biliares. Al igual que en la porfiria de Günther, la terapia génica podría ser eficaz y posible, en un futuro próximo. Para todas las porfirias y casos, es muy importante que el tratamiento sea prescrito o aconsejado por un médico experto, y que los pacientes nunca se automediquen, por los riesgos que implica.